Por: Dagoberto Florentino
SANTO DOMINGO.-En la República Dominicana persisten dos ejes fundamentales que condicionan nuestra práctica política.
Primero: mientras existan ciudadanos cuya voluntad pueda ser comprada por un “pica pollo” y 300 pesos, será difícil construir un país basado en sueños, dignidad y compromiso colectivo.
Segundo: la política debe ejercerse sobre la base de propuestas sólidas y argumentos reales. Es necesario hacer entender a la población que, en la medida en que transformemos nuestra mentalidad y abandonemos estas malas prácticas, de esa misma forma avanzará nuestra sociedad.
¿Y cómo avanzamos?
No permitiendo que personas con menor preparación y sin las competencias necesarias sean quienes dirijan los destinos del país.
Así como los profesores están llamados a enseñar a los alumnos, no podemos permitir que quienes no están capacitados sean quienes “nos enseñen” a gobernar.
Es fundamental revisar con tiempo el currículum y la trayectoria de cada aspirante, para evitar sorpresas lamentables durante el ejercicio de sus funciones. No podemos seguir diciendo “yo no lo sabía” después de haber elegido.
Los gobiernos, tanto centrales como locales, se llenan de corrupción precisamente por la falta de estas medidas preventivas.
Si realmente queremos un país mejor, debemos montarnos en el tren del tiempo y la innovación, y cerrarles el paso a las manos oscuras que buscan perpetuarse en la política dominicana. Solo así podremos construir y dejar a las futuras generaciones un país digno, justo y con verdadero desarrollo.





