”Vivimos en un país donde muchas veces resulta más fácil criticar que hacer una autocrítica.
Recuerdo aquellos días de 1995, cuando me paraba en el kilómetro 9 de la transitada avenida Duarte y, al mirar hacia el Cibao, lo que veía era monte. Me paraba en el puente de la Bicicleta y, al mirar hacia el Este, veía monte. Y cuando me ubicaba en Pintura, con dirección al Sur, lo que encontraba eran extensos cañaverales.
En 1996, la República Dominicana tomó la decisión de darle una oportunidad a un estadista que, con el paso de los años, fue consolidando su liderazgo y contribuyendo a la transformación y modernización del país: el doctor Leonel Fernández. Durante esos años, Santo Domingo experimentó importantes cambios que llevaron a muchos a hablar de la ciudad como un “Nueva York chiquito”.
Hoy entiendo que es tiempo de recuperar aquella visión de desarrollo y de mirar hacia el futuro sin volver a equivocarnos.
Abro la cita:
Ante la gran crisis que atraviesa el mundo, y particularmente la República Dominicana, no resulta justo que los gobiernos de turno pretendan capitalizar políticamente las dificultades que afectan a la población.
La República Dominicana ha despertado. Nuestra sociedad ha adquirido mayor experiencia en los procesos electorales y cada vez entiende mejor la necesidad de superar la cultura clientelar.
Los tiempos de cambiar la voluntad de las personas por “espejitos” deben quedar definitivamente en el pasado.
A veces pienso que los países tienen los gobiernos que eligen; sin embargo, también resulta preocupante observar que, en determinadas circunstancias, quienes gobiernan pueden estar menos preparados que muchos de los ciudadanos a quienes les corresponde dirigir.
Por eso, cuando vayamos a elegir a una persona para tomar las riendas de una nación, debemos revisar primero su hoja de vida, su preparación, experiencia, trayectoria y capacidad. Solo así podremos determinar si realmente merece que depositemos en ella algo tan valioso como nuestro tiempo.
Apoyar un proyecto político implica dedicar horas que muchas veces restamos a nuestra familia, al trabajo, a nuestros negocios, a nuestra preparación académica y a nuestro propio crecimiento. Por eso debemos saber muy bien a quién y a qué causa entregamos ese esfuerzo.
Cierro la cita.
Hay una conocida reflexión atribuida a Mahatma Gandhi que nos recuerda que las acciones hablan por sí mismas. Y precisamente eso necesita nuestro país: menos palabras y más hechos.
La República Dominicana debe decir basta a los préstamos sin justificación, a la inseguridad, los atracos, los feminicidios, la corrupción gubernamental, los atropellos y el tráfico de influencias. Debemos superar definitivamente aquella expresión de “¿tú sabes quién soy yo?”, utilizada por quienes creen estar por encima de las leyes y de los demás.Este país debe despertar y hacer entender que hoy no es ayer.
La ciudadanía necesita resultados reales, no una política basada únicamente en anuncios, inauguraciones o en presentar como terminadas obras que todavía están pendientes de concluir.
Atravesamos momentos económicos difíciles, con una canasta familiar que representa una enorme carga frente a los ingresos de miles de trabajadores.
La gente necesita respuestas a sus verdaderas necesidades.Necesitamos un país donde expresarnos, trabajar, emprender y salir adelante no se convierta cada día en una carga mayor. Ha llegado el momento de ponerle un pare a las prácticas que frenan nuestro desarrollo.
Por eso, de cara al proceso electoral de 2028, debemos reflexionar antes de tomar una decisión: no cambiemos beneficios momentáneos por cuatro años que determinarán el futuro de nuestras familias y de nuestro país.
Es precisamente ante estas necesidades que surge una propuesta política que busca representar esperanza y confianza para los hombres y mujeres que creen que la República Dominicana puede avanzar por un mejor camino.
LA FUERZA DEL PUEBLO ES EL PARTIDO DE LA ESPERANZA.








