En la Franja de Gaza, el amanecer no trajo esperanza, sino el eco de las bombas y el llanto de quienes sobrevivieron a otra noche de horror. Desde la tarde de ayer martes hasta las primeras horas de esta mañana, los ataques israelíes han segado la vida de al menos 91 palestinos, entre ellos 24 niños y 7 mujeres, según reportes de hospitales y de la Defensa Civil Palestina.
Las calles están cubiertas de polvo, los edificios reducidos a montones de concreto y los gritos de quienes buscan a sus seres queridos se mezclan con el sonido de las sirenas. Cada rincón parece contar una historia de pérdida. Una madre sostiene entre los brazos lo que quedó de su hogar: una fotografía empolvada de sus hijos.
Los bombardeos, ordenados por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se extendieron de norte a sur tras acusar a Hamás de romper el alto al fuego que había dado un respiro efímero a la población.
Ahora, ese silencio frágil se ha roto, y Gaza vuelve a ser escenario de una tragedia que se repite una y otra vez, bajo el mismo cielo gris, donde la vida y la muerte conviven a cada instante.






